sábado, 27 de octubre de 2018

¿Minerales de sangre en las vitrinas?


Es tiempo de ferias de minerales, y no hay reunión de aficionados a la mineralogía en la que no se hable del precio de los minerales de colección. Sin embargo nunca he oído ni leído ningún comentario acerca de lo que puede esconderse detrás de algunas de las piezas que vemos en ferias y exposiciones. Sobre el tema de los precios algún día me animaré a escribir un comentario, pero habiendo trabajado desde siempre en los mercados financieros lo tengo claro: nos guste o no, algo (un mineral en este caso) vale lo que alguien está dispuesto a pagar por él, por muy exorbitante y desmesurado que nos parezca. Eso sí una cosa es poner a la venta y otra distinta vender.

En esta entrada me gustaría hacer una reflexión sobre otro asunto que considero más importante: poner ese precio en relación al modo de vida de los países de origen. Seguro que veríamos esas piezas de otra forma. 

Por algunas de las entradas de este blog ya sabéis que somos más de patear el monte y las minas que de sacar a pasear la billetera, pero suelo ver con mucho interés los reportajes que en internet se publican sobre muchas ferias nacionales e internacionales. Así que lo primero es agradecer a todos aquellos que lo hacen posible. Sabemos que supone un esfuerzo tremendo y que no reciben nada a cambio, a veces ni una palmada en la espalda o un comentario de agradecimiento, pero sin ellos todos esos eventos pasarían desapercibidos para aficionados como nosotros.

En esas estupendas reseñas fotográficas podemos admirar ejemplares procedentes de multitud de países, muchos de ellos dignos de cualquier museo, y acompañados por precios de 4 ó 5 cifras. Turmalinas de Pakistán o Afganistán, esmeraldas de Colombia, oros y elbaítas de Brasil, malaquitas del Congo, azuritas y vanadinitas de Marruecos, por poner sólo algunos ejemplos.

Para hacernos una idea del nivel de vida de algunos de esos países os pongo una tabla con el PIB per cápita (riqueza generada por un país en un año/ número de habitantes) de esos países:

Afganistán: 600 USD
Pakistán: 1.550 USD
Congo: 1.600 USD
Bolivia: 3.400 USD
Brasil: 9.800 USD
Colombia: 6.300 USD
Marruecos: 3.000 USD

Podría haber usado otro indicador de riqueza como la renta per cápita o el propio PIB per cápita ajustado al nivel de precios de cada país (paridad del poder adquisitivo, no podemos comparar lo que se puede hacer con un dólar en EEUU o con ese mismo dólar en Afganistán), pero para hacernos una idea considero que ya es suficiente. Además no son economías que proporcionen muchos datos precisamente.

Simplemente lo que vale una de esas piezas que todos hemos visto en reseñas de Munich, Tucson o Saint Marie equivale a la riqueza generada por un habitante de esos países durante varios años. Es cierto que la comparativa no es tan simple, ya que lo que vemos en la feria es el precio en destino (origen+márgenes de intermediarios) y el PIB es en origen pero vamos a suponer que los diferentes márgenes suponen multiplicar por 10 el precio en origen. Aun así la comparativa es brutal.

En el tema de los márgenes no he podido encontrar ningún baremo pero es un mercado con márgenes muy abultados en porcentaje (aunque menores cuanto más caro sea el ejemplar), y no creo que una tasa de entre 10 a 20 veces el precio base sea disparatada. Si fuera menor la comparativa sería incluso más escandalosa.

Para centrarnos vamos a pensar por ejemplo en una turmalina de Afganistán. Sí, esas azuladas sobre micas, unas auténticas maravillas. Su precio en Occidente, que con la globalización e internet cualquiera puede ver desde cualquier parte del mundo (incluido Afganistán...), en ocasiones supera los 10.000 euros y a menudo los 1.000 euros.

Incluso con el efecto margen tenemos que el valor en origen de esas piezas es más de lo que una persona de Afganistán gana de media a los largo de varios años. En un país en guerra totalmente fuera de control, con niveles de corrupción y pobreza muy elevados, ¿Quién controla la extracción de minerales tan valiosos? ¿En qué se aplican los fondos que se obtienen? ¿Son explotaciones con mínimas medidas de seguridad o la vida de las personas que las extraen apenas vale nada? ¿Quién las exporta y con qué permisos? ¿Se trata de minas legales o ilegales?...

Si pensamos lo que pasa con el opio en esa zona no es precisamente para estar tranquilos. Kunar o Nuristán, provincias donde se localizan importantes yacimientos, son fronterizas con Pakistán, una zona que frecuentemente aparece en los periódicos por los combates entre talibanes y fuerzas del ejército afgano. En estas condiciones parece poco probable que los yacimientos de turmalinas no estén controlados por alguno de las facciones que allí combaten y tampoco parece descabellado imaginar qué se financia con los fondos obtenidos por su venta.

Quizá no con tanta crudeza pero algo parecido podría pasar en cualquiera de los países que antes he mencionado. Qué no se hará para conseguir algo que vale tanto en un lugar tan pobre. Puede parecer exagerado, pero hablar de “minerales de sangre” en las vitrinas no me parece algo totalmente descartable.

Se ha avanzado mucho en la exigencia ISR (inversión socialmente responsable), o sobre el modo en que se elaboran prendas de ropa u otro tipo de productos que se importan de países en desarrollo, así que,  ¿por qué no extender estos estándares a los minerales de colección?.

Como he dicho anteriormente solo se trata de una reflexión personal, y por tanto subjetiva, sobre este asunto.




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